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Inteligencia Emocional – Daniel Goleman – Resumen animado del libro en español 

 

 

Inteligencia Emocional – Daniel Goleman – Resumen animado del libro en español 

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De todos los seres vivos, el hombre es el único ser racional. Sin embargo, no faltan situaciones en las que el ser humano actúa arrebatado por sus emociones, sin que prácticamente su naturaleza racional haga algo para impedirlo, como cuando alguien se deja llevar por la ira o por un ataque de pánico.

Esto es así porque cada uno de nosotros tiene dos mentes distintas. Una racional y otra emocional. Una que piensa y otra que siente. Funcionan de forma relativamente independiente aunque están interrelacionadas. Con frecuencia, las dos mentes mantienen una adecuada coordinación, haciendo que los sentimientos condicionen y enriquezcan los pensamientos, y a la inversa.

Pero a veces no es así. Un estímulo con una fuerte carga emocional puede provocar una reacción que “secuestre” la mente racional y deje que las emociones guíen nuestra conducta. Estas reacciones emocionales pueden salvarnos la vida.

Por ejemplo, cuando alguien, impulsado por la ira se enfrenta con energía y violencia a un peligro o a un enemigo para salvar su integridad, o, llevado por el miedo, huye para evitar un enfrentamiento con peores consecuencias. En algunos casos, ponerse a pensar y a analizar la cuestión en el momento del peligro podría significar la muerte.

Pero las emociones también pueden llevar a comportamientos desproporcionados e indeseables, como un ataque de cólera que conduce a un homicidio o, al menos, llevarnos a situaciones en las que nunca hubiéramos querido encontrarnos si lo pensáramos. Por ejemplo, tener una acalorada discusión con nuestro jefe y acabar insultándole y perdiendo el empleo. O, hablando con nuestra pareja, decirle palabras hirientes y deteriorando así nuestra relación con ella.

El efecto devastador de los arrebatos emocionales sorprendía a Daniel Goleman, que a la vez  observaba que los tests de coeficiente intelectual no eran capaces de predecir cómo le iría a una persona en sus actividades académicas, profesionales o personales.

Muchas personas que poseen un coeficiente intelectual de  CI 160 trabajan para personas cuyo CI es de 100. También es un hecho que existen personas con un coeficiente alto pero fracasan estrepitosamente en el terreno profesional y en el plano de las relaciones laborales y personales.

Ser inteligente no basta para tener éxito en la vida. O, más exactamente, no es suficiente con tener un buen coeficiente de la inteligencia que medían los tests, la inteligencia verbal y la lógico-matemática.

En diversos estudios de largo plazo, se había comprobado que el coeficiente intelectual representa sólo un 20% de los factores que determinan el éxito.  El 80% restante depende de otros factores, entre los cuales se halla la inteligencia emocional, de la que Goleman habla en su libro.

La inteligencia emocional es la capacidad para conocer y controlar las emociones propias y ajenas, con el fin de obtener determinados fines.

También es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar los estados emocionales en uno mismo y en los demás.

No se trata de ahogar las emociones, sino de dirigirlas y equilibrarlas.

Por su parte, el coeficiente intelectual determina lo que sabe un ejecutivo, y hasta puede permitirle entrar en una organización.

Pero la inteligencia emocional determina lo que hará. También le permitirá crecer en esa organización y convertirse en líder.

Tal como sucede con las matemáticas o la lectura, la vida emocional es algo que se puede dominar con mayor o menor pericia. La inteligencia emocional se puede y se debe desarrollar.

 

Podemos desarrollar esta capacidad enfocándonos en 5 cualidades principales:

 

  1. Conciencia de uno mismo.

Aprende a reconocer los propios sentimientos, emociones o estados de ánimo.

 

  1. Controlar las emociones

 

Si aprendemos a reconocer las propias emociones, a partir de allí podremos controlarlas, pudiendo modificar los estados de ánimo desfavorables.

 

Por ejemplo, si somos conscientes de nuestro mal humor podremos tratar de evitar que nos lleve a conductas indeseables, como hablarle a alguien a gritos o con palabras poco respetuosas.

 

Si somos conscientes de que estamos enfadados, o de que padecemos cierta ansiedad o estamos deprimidos, podemos decidir hacer algo al respecto para que nuestro estado de ánimo no nos domine. Y podemos hacer mucho.

 

Podemos interpretar la situación de una manera más positiva, fijándonos en lo que de verdad hay de bueno en una situación concreta, y considerar las cosas desde ese otro ángulo.

Podemos también distanciarnos de la situación que nos causa ese estado de ánimo y buscar un espacio y un rato para estar con nosotros mismos y obtener serenidad, sin llegar al aislamiento prolongado.

Buscar una distracción es otro buen recurso. Tratar de hacer una cosa que nos haga olvidarnos de aquello que nos provoca ese enfado, o ansiedad o ánimo bajo. A veces es suficiente con cambiar de escenario y salir a dar un paseo a pie.

Otra opción interesante son las técnicas de relajación, la respiración profunda o la meditación, que pueden ayudarnos con algo de práctica regular.

 

  1. Motivación

¿Qué distingue a un trabajador sobresaliente de otro mediano?

Si comparamos a dos personas con capacidades innatas equivalentes una de las cuales se encuentra en lo más alto de su carrera, mientras que la otra se codea con  la masa en un nivel de mediocridad, veremos que la principal diferencia se encuentra en aspectos emocionales, como el entusiasmo y la perseverancia.

Estos aspectos están ligados a la motivación. Las personas estamos capacitadas para automotivarnos, es decir, para inducirnos a nosotros mismos emociones y estados de ánimo positivos, como la confianza, el entusiasmo y el optimismo.

Podemos desarrollar nuestras capacidades, ponerlas a prueba y mejorarlas, para tener una mayor confianza. Disfrutar también de lo que hacemos, alimentando el entusiasmo por nuestro trabajo. Y tratar de mirar las cosas desde un punto de vista más positivo, fomentando el optimismo.

Todo esto nos ayudará a motivarnos y a ser persistentes en nuestros objetivos a pesar de los vaivenes de nuestro estado de ánimo.

 

  1. CONTROLAR LOS IMPULSOS

En los años 60 se llevó a cabo una investigación en la universidad de Stanford conocida como El test de las golosinas. Se reunió a un grupo de niños de 4 años. Delante de cada uno de ellos se colocó una golosina. Se les explicó que podían comérsela inmediatamente, pero si esperaban 20 minutos para hacerlo, entonces conseguirían dos golosinas. Algunos niños se comieron inmediatamente la golosina, mientras otros esperaron los 20 minutos para obtener su recompensa.

 

Doce años después, al hacer un seguimiento de los niños que habían participado en el estudio, se demostró que los niños que habían logrado controlar el impulso de comerse inmediatamente la golosina eran más competentes socialmente, más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida.

 

Podremos aprender a controlar los impulsos si somos conscientes de cómo reaccionamos en las diversas situaciones de la vida. De esta forma podremos aplazar o reconducir nuestros impulsos de forma más beneficiosa. Por ejemplo, resistiendo a tomar dulces cuando no nos conviene y los tenemos delante, o reaccionar con un enfado en una negociación.

 

 

  1. SOCIABILIDAD

 

Podemos desarrollar la habilidad de interpretar las señales emocionales de los demás.

Cuanto más hábiles seamos en esto, mejor controlaremos las que nosotros mismos transmitimos.

 

Un profesional puede tener grandes conocimientos sobre su materia, y poseer además un alto coeficiente intelectual. Pero, si no sabe relacionarse con los demás o simplemente tener amigos, sus posibilidades de éxito se verán muy reducidas.

Y al revés: si esa persona desarrolla su inteligencia emocional y aplica sus habilidades,

Podrá situarse de forma favorable en muy diversos campos de la vida, desde las relaciones personales o familiares y el noviazgo hasta comprender las reglas no escritas que determinan el éxito en un ámbito profesional concreto.

 

La inteligencia emocional no es un parámetro fijado desde el nacimiento. Tú también puedes desarrollarla si cultivas las habilidades y recursos adecuados.